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Especial para TVMAS Por Claudio César Flores

Alberto Ciruana vicepresidente de programación y Salvador Mejía, popular productor y director de telenovelas, vinculados a Televisa, hacen un recorrido por el género. También conversamos con el reconocido maestro de Teatro y Arte dramático, Raúl Quintanilla, y presentamos un profundo y detallado análisis de la telenovela mexicana, su evolución y sostenimiento hasta nuestros días

Salvador Mejía,
productor de la exitosa Entre el amor y el odio, estrenada el pasado 6 de enero a las 9 pm en la cadena hispana de EU, Univisión, obra que en el horario de las 8:00 pm, alcanza promedios de ratings de 13.8 en Perú.

Las telenovelas en México, al igual que las Soap Operas en Norteamérica, encontraron su fuente en los folletines y la radionovela. Los primeros teleteatros mexicanos estuvieron a cargo de la empresa Colgate-Palmolive, astuta en su estrategia de publicidad y con sede en Cuba, se encargaba de escribir, producir y asesorar a los creadores de las series que dieron origen a las telenovelas como el negocio más redondo de la televisión mexicana.“Las primeras telenovelas tenían solamente seis escenas, cuatro sets, escenografía circular y se producían en vivo. Eran un teleteatro amplificado, con sus ganchos y detonantes melodramáticos”, explica Salvador Mejia. El Videotape en 1960, bajó los costos de producción y posibilitó que los productores fueran más audaces. Mejía, comenta a este respecto: “En los ’70 ya empieza a verse más ritmo con sets fijos y hacia el ’78, las unidades espéciales para transmitir fútbol las utilizábamos para hacer una o dos escenas en exteriores”.

Alberto Ciruana: “la importancia del horario”
El Lic. Alberto Ciurana, vicepresidente de programación de Televisa nos comenta que los criterios de programación fueron esenciales desde el principio, “lo más importante es que a través de estas tres décadas (60, 70 y 80) se logró consolidar la definición de horarios; la forma en la que se establecen la telenovela infantil, juvenil, comercial y la familiar adulta. Teniendo además un tratamiento especial durante la década de los 70 y 80 la telenovela didáctica y la telenovela histórica, que tenían un planteamiento más audaz”.

Entre 1965 y 1969, el tiempo que canal 2 le dedicaba a las telenovelas creció de dos a tres horas y media por día; como respuesta a los crecientes ratings que arrojaban las encuestas hechas puerta por puerta. Así mismo, Salvador Mejía asegura que el criterio básico de programación desde siempre ha sido “el público mayoritario que ve televisión en cada lugar; tenemos estudios de hábitos y demográficos entonces conocemos exactamente la composición que hay en cada una de las poblaciones de este país que ven televisión. Esto nos permite establecer la temática, los repartos y hasta el tipo de productor para una determinada historia. Todo esto lo analizamos junto con el tipo de hábitos televisivos que tenemos en ese momento”.

Cuestionado acerca de cuáles han sido históricamente los horarios premium en la televisión mexicana, Ciurana nos dice: “Desde siempre a partir de las 4 p.m el hábito de México convirtió en importantes estos horarios. Y esto es histórico; después de la hora de la comida viene una hora de entretenimiento y después las telenovelas. Este criterio se mantiene porque los hábitos son muy difíciles de cambiar. Evolucionamos en nuestra producción, en la forma de contar las historias, en los repartos, pero siempre tenemos como base, los hábitos”.

A principio de los 90 las telenovelas sufrieron un cambio en su duración, pasaron de formatos de 30 a 60 minutos, Alberto Ciurana explica que esto “se debió a una evolución natural del género. En un principio eran más cortas; incluso algunas duraban 50, 60, 80 capítulos. Con sus grandes excepciones como El amor tiene cara de mujer que duró más de 600 capítulos. El formato de una hora permite un mejor desarrollo dramático, mejor definición de personajes y mejor manejo del suspenso”.

La tecnología al servicio del drama
Claudia Fernández, autora del libro El Tigre asegura que “la verdadera revolución que llevó a Telesistema Mexicano,TSM, (hoy Televisa) a producir y transmitir 4 o 5 novelas por día, fue el apuntador electrónico”. La reducción de los tiempos de ensayo propició que las producciones se aceleraran, bajaran los costos y se adoptara una nueva política de producción: 2 o 3 tomas por escena, así era posible realizar 3 o más capítulos de media hora en un día.

A todo color, y hoy en HD
Las primeras pruebas con la televisión a color se hicieron en 1966, y para 1968 las telenovelas estuvieron a cargo de Ernesto Alonso con una serie, de históricas, llamada Leyendas de México. Pero fue con las olimpiadas de 1968 que se estableció de lleno la producción a color y en 1973 eran hechas con este sistema. Durante la década de los ’80 no hubo ningún adelanto técnico de peso, no fue sino hasta los ’90 que se incluirían las nuevas tecnologías: “Los ’90 fueron importantes para nosotros –dice Salvador Mejía- ya teníamos la posibilidad de generar efectos especiales y hoy ya estamos haciendo telenovelas en HD, lo que nos permite tener una mejor proyección, de mayor calidad. Hemos tenido que cambiar la infraestructura, el maquillaje y la escenografía, porque este sistema sí percibe las uniones; son mil cincuenta líneas en una televisión, mientras que el NTSC, sistema que se ha utilizado hasta hoy tiene 525; es el doble de nitidez, de definición”.

La escuela de la cenicienta: Alonso y Pimpstein

Ernesto Alonso Valentín Pimpstein

Ernesto alonso y Valentín Pimpstein, los principales productores e impulsores del género, afirmaban que la fórmula del éxito era el cuento de hadas o la cenicienta. Los dos estaban convencidos de que el éxito de una telenovela estaba dado por la trama. Sin embargo, la diferencia fundamental entre estos dos productores era que mientras Pimpstein seguía muy de cerca las opiniones, encuestas y ratings dándose la oportunidad de cambiar el giro de sus historias a través de la información recibida, Alonso prefería grabar todos los capítulos antes de comenzar a transmitirlos. Mejía comenta a este respecto, “Pimpstein tenía las cenicientas muy bien hechas. Es un concepto que manejamos. Tenía esa visión, ese olfato del pueblo. Y el señor Alonso era mucho más elaborado, con mucha más elegancia en sus telenovelas. Los dos son pilares y fundamentales en la telenovela mexicana”.

La telenovela que se convertiría en el modelo a seguir para Televisa se dío con la mancuerna de Pimpstein y Yolanda Vargas Dulché. María Isabel, que trataba de una mujer indígena que se enamora del patrón, y tiene que escalar niveles sociales con todos los percances que esto trae consigo. Modelo que permanece hasta la década de los ’90 como la fórmula exacta y reciclable del éxito. Con 45 episodios, la telenovela se transmitió logró un rating de 53.6 en junio de 1966. En contraste tenemos Corazón Salvaje, de Ernesto Alonso, escrita por Caridad Bravo Adams que se transmitió en la primavera del mismo año, registrando únicamente 22 puntos. Por otra parte, el éxito de María Isabel ese año elevó los ratings casi en un 25%.

La novela histórica y la educativa
Para entonces la producción ya se había dividido en telenovelas históricas y comerciales. Las históricas, especialidad de Ernesto Alonso, comenzaron en 1962 con Sor Juana Inés de la Cruz y Carlota y Maximiliano en 1965. Con un mal sabor de boca por esta producción, el gobierno solicitó la realización de una telenovela que limpiara el nombre del héroe nacional Benito Juárez. Nació así La Tormenta en 1967, en coproducción con el gobierno. La novela resultó ser todo un éxito aunque nunca logró alcanzar los rating de las novelas comerciales. La Constitución en 1969 fue otra novela histórica que tuvo como protagonista a María Félix, con relativo éxito y la empresa resta importancia a este tipo de novelas. Hasta la década de los ’90 cuando se produjeron El vuelo del águila (1994) y La antorcha encendida (1996). Según Salvador Mejía, actualmente no se han producido más telenovelas históricas porque son más costosas que una comercial. En cuanto a la telenovela educativa de Miguel Sabido, Mejía nos comenta que “son de alto riesgo porque se segmenta el auditorio a un determinado grupo popular. A Ven conmigo le fue bien, pero no fue un éxito si se compara con una telenovela comercial. La última que Sabido hizo aquí, Los hijos de nadie le fue mejor porque mezcló lo comercial con lo educativo y se logró el impacto con el público. Pero tampoco fue un éxito”.

El rating: premio y castigo
En su libro Telenovelas, Televisión y Comunicación, Francisco Javier Torres Aguilera afirma que hubo tres años en tres décadas que los niveles de rating se elevaron muy por encima de sus tendencias anuales. 1966, 1976 y 1986, con 37%, 36% y 38% respectivamente. Sin embargo durante la década de los 90, muchos de los topes alcanzados por las telenovelas antiguas serían superados. Al respecto Alberto Ciurana nos dice que aunque tiene mucho que ver, “el rating no es la palabra de Dios, simplemente es una ayuda que tenemos pero contamos también con el apoyo de un instituto de investigaciones sociales que nos realiza investigaciones de campo. Entre la mezcla del conteo de rating, los estudios que nos arrojan estas investigaciones y la propia sensibilidad, es como determinamos lo que hacemos en cada caso”. Mientras que Salvador Mejía, asegura que el rating es el instrumento básico para ser buen o mal productor, “Es importante para nosotros el día a día. Yo grabo muy pegado al aire para saber qué es lo que le gusta al público, qué no le gusta, cuáles son sus fortalezas y cuáles sus debilidades, y analizar los elementos cualitativos y cuantitativos. Porque si hay algo que está funcionando no se puede mover. Eso es algo que aprendimos de Valentín. Para los alumnos de Pimpstein el rating es muy importante”.

EPIGMENIO IBARRA, presidente de Argos Comunicaciones: “La telenovela tiene que reflejar nuestros valores pero debe recurrir más a la ficción para buscar pantalla en otros continentes. Argos ya cumplió con la realización de novelas realistas, duras y reveladoras cuando TV Azteca se atrevió a poner Nada personal y otras obras que castigaron a Televisa”. (En entrevista a TVMAS edición de marzo de 2002)

En el programa Zona Abierta del periodista mexicano Héctor Aguilar Camín, el señor Epigmenio Ibarra, director general y productor de Argos, comentó en referencia al asunto de los ratings: “Hay, evidentemente, en el control remoto una dictadura de la audiencia. El público tiene opciones, las toma en 20 segundos, y ese dictado para nosotros debe ser importante, pero tenemos que entender que ese dictado obedece a muchas cosas, entre otras, a 40 años de un gusto formado o deformado por una sola opción”. Mientras que la opinión de Emilio Larrosa productor de Televisa al respecto en el mismo programa fue que “los ratings independientemente de su formación, hoy son confiables ya que los métodos son técnicos y más científicos”.

 
 



 

 


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